GENERAL DIRECTOR CESAR MENDOZA DURAN

CESAR MENDOZA DURAN, EL HOMBRE “Todo hombre, se dice, es tres personas diferentes en una: la que los demás creen que ese hombre es; la que él mismo cree ser, y la que realmente es”.

Al común de la gente sólo trascienden los gestos, actuaciones y dichos de los hombres públicos, los que dada la circunspección que les impone la dignidad de su cargo, sólo proyectan una imagen superficial e incompleta de su personalidad. No obstante, a través de ellos se traslucen algunos rasgos, los más acentuados de su personalidad, pues el dicho aquel que reza “genio y figura, hasta la sepultura”, encierra una verdad incuestionable.

Intentar conocer la personalidad del General Director de Carabineros don César Mendoza Durán, ex integrante de la Junta de Gobierno, puede parecer pretencioso, pero es un deber de reconocimiento a su maciza obra en ambas esferas.

Entre sus rasgos más sobresalientes, generalmente poco conocido a causa de su natural discreción y comedimiento, estuvo su amplia cultura, especialmente notable en el campo de la literatura clásica española y de la hispanoamericana. Admirador del poeta argentino José Hernández, conocía de memoria Martín Fierro, y en más de una oportunidad su comentario respecto de asuntos institucionales o cuestiones políticas se limitó a repetir algunos de sus versos, que calzaban exactamente, a modo de moraleja o conclusión, con el hecho comentado.

En cierta ocasión en que, siendo General Director de Carabineros, alternaba con los Ministros de la Corte Suprema de Justicia en una reunión social informal, sostuvo una suerte de payada con alguno de ellos, utilizando él los versos de Martín Fierro. En un momento dado dijo, mereciendo el aplauso de todos los presentes:

“La ley como el cuchillo,
no ofende a quien lo maneja.
Le suelen llamar espada.
Y el nombre le viene bien:
Los que la gobiernan ven
a dónde han de dar el tajo:
Le cae al que se halla abajo
y corta sin ver a quien”

Como General Director, su gusto por la literatura le llevó a disponer la inclusión en la contra – portada de la Revista de Carabineros de algunos versos que resultaran alusivos a situaciones contingentes que vivía Chile en esos días. En cierta ocasión, analizando con él el material que se incluiría en el próximo número, el Director de la Revista propuso, también citando de memoria, algunos versos de Calderón de la Barca. La reacción del General Mendoza fue inmediata: – ¡No pues! Aguántese un poquito. Esos versos no son de Calderón, son de Juan Ruiz de Alarcón. Así era, efectivamente. Su conocimiento de la literatura clásica española – materia poco atractiva, y aún desconocida para las generaciones actuales – resultaba sorprendente y, lo más sugestivo, reveladora de horas y horas dedicadas a una lectura profunda y meditada. Esta afición suya era sólo comparable a la que sentía por la equitación, deporte cuya práctica también exige, como aquélla, paciencia y perseverancia, atributos innegables en la personalidad del General don César Mendoza. Poco dado a la ostentación y enemigo de las polémicas, su personalidad podía inducir a error a quienes, confundiendo estos rasgos con debilidad de carácter, le suponían fácilmente influenciable. Sin embargo, aun cuando él escuchaba opiniones, adoptaba sus decisiones con absoluta independencia de criterio, sin dejarse impresionar por opiniones o consejos cuya intencionalidad no escapaba a su aguda perspicacia. Hombre sin dobleces, de una sola palabra, una frase habitual en él: “sin reservas mentales”, trasunta la absoluta veracidad de lo que decía, o la plena aceptación de la palabra del otro. De ahí su rechazo a expresiones tales como sinceros saludos o sinceras felicitaciones – que él jamás empleó – pues, decía, si no son sinceras, entonces sencillamente no se envían. Tenía igualmente reservas respecto de las tarjetas de saludo de Navidad y Año Nuevo intercambiadas entre personas que trabajan juntas, pues ellas – decía – sólo obedecerían a un afán de quedar bien mediante una acción inauténtica. Sinceridad, veracidad, autenticidad, son valores que observaba aún en las circunstancias más adversas, haciendo escuela no sólo con su ejemplo, sino con consejos directos. Al presentarse ante él un joven Oficial destinado a desempeñarse en su escolta, entre otras recomendaciones, le dijo: “si uno se equivoca o comete errores, puede disculparse, y los errores corregirse, pero no hay que mentir nunca, porque el mentiroso siempre es descubierto, y entonces va a salir doblemente perjudicado”. Era éste el fruto de las enseñanzas de su padre, un sabio y experimentado maestro quien, llegado el momento de aplicar un correctivo, imponía como castigo copiar varias veces el cuento, muy conocido y popular en esa época, “El Persa Verídico”: historia de un muchacho que confiesa a sus asaltantes llevar escondido su dinero en una bolsa cosida por su madre en el forro de su túnica, pues ésta le ha enseñado que jamás debe mentir, y que gracias a su veracidad logra salir del paso sin ser despojado de su dinero, y acompañado por los ladrones hasta llegar sano y salvo a su destino. De ingenio agudo, sus salidas sorprendían y divertían. Un alto jefe de Carabineros, conversando con él un día, le solicitó que, como General Director, dispusiera ciertos adelantos materiales para la Repartición “de un amigo”. Su respuesta fue instantánea: “¿Y a usted todavía le quedan amigos?”.

Extraído del libro “la Policía y Carabineros, ensayos históricos y biográficos”, del Coronel de Carabineros don Diego Miranda Becerra. 2004.

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