GLORIA Y VICTORIA

No fueron héroes anónimos, pero el nombre de ninguna calle o plaza recuerda su martirio. Una vez enjugadas las lágrimas y mitigado el dolor de sus deudos, sus nombres se perdieron bajo el manto de olvido que tendió sobre ellos el paso del tiempo. Son los Carabineros caídos en el cumplimiento del deber. Son más de un millar de hombres que han ofrendado sus vidas en aras del Orden y de la Patria a lo largo de la existencia de Carabineros de Chile. Sus restos mortales, si bien algunos desaparecieron para siempre en el fondo del mar, duermen el sueño de los justos en camposantos repartidos a través de todo el país.

En la imposibilidad de reunidos en un solo mausoleo en el cual poder rendirles el permanente y merecido homenaje que les debe, no sólo su Institución, sino la ciudadanía toda, en 1986 el entonces General Director de Carabineros don Rodolfo Stange Oelckers decidió erigir en Santiago un monumento destinado a honrar la memoria de los mártires y héroes de Carabineros.

Aun cuando originalmente mártir fue quien padeció la muerte por amor a Jesucristo y en defensa de su doctrina y de su Iglesia, actualmente el concepto comprende a todos quienes encuentran la muerte por causa o en defensa de un noble y elevado ideal, como es el caso de los carabineros muertos en actos del servicio. Ellos perdieron la vida exclusivamente por cumplir los deberes que el Estado impone privativamente a Carabineros de Chile. Algunos de ellos murieron alevosamente asesinados por la espalda, o a mansalva, sólo por ser carabineros y encarnar los principios del Derecho y la Justicia, lo que hace de ellos mártires por excelencia.

Otros murieron enfrentando decididamente a delincuentes armados o al tratar de rescatar de las aguas a alguien que se ahogaba, todos ellos con plena conciencia del riesgo que para sus vidas entrañaba su valerosa acción, lo que los convierte, además de mártires, en héroes, pues héroe es aquel que prueba con su muerte la firmeza de su convicción en la justicia de la causa que defiende, o el respeto a la palabra empeñada, como la del carabinero en su promesa de servicio.
Existían anteriores iniciativas, todas fracasadas, e inclusive una ley que no produjo efecto alguno, para levantar un monumento al carabinero mártir. Fue necesario por consiguiente obtener la dictación de una nueva ley, la que con el N° 18.614 de 27 de abril de 1986, autorizó su erección.

El monumento, obra del escultor Héctor Román Latorre, el mismo autor, entre otros, del Monumento a la Victoria de Chacabuco, lleva por nombre “Gloria y Victoria”, y fue inaugurado el 26 de abril de 1989.
Construido en concreto armado revestido de losas de piedra, tiene una altura de 23 metros,
coronado, sobre una columna central, por una figura de bronce de 4,50 metros de alto. Esta escultura representa una mujer llevando en sus manos extendidas la mortaja que cubrirá el cuerpo de los carabineros caídos en el cumplimiento del deber. Es la representación alegórica de la Gloria y la Victoria alcanzadas por los mártires de Carabineros de Chile con el sublime sacrificio de su vida.

La gloria es el honor, la fama imperecedera unida al nombre de quienes, por sus grandes méritos o por sus acciones heroicas, se han ganado la admiración, el respeto y la gratitud de sus conciudadanos.

La fama póstuma, recompensa de quienes perdieron la vida en un acto de heroísmo o por fidelidad a su promesa de servicio, es la palma de los mártires que a los carabineros promete el himno institucional. La Victoria es, en tanto, el triunfo sobre la nada de la muerte que los carabineros obtuvieron con el holocausto de su vida en aras del cumplimiento del deber, pues alcanzaron con él la posteridad, inmortalizando su nombre en el martirologio de Carabineros de Chile. “Siempre vivirán los que por la Patria Mueren”, escribió el poeta latino, y los carabineros caídos en defensa del Orden y de la Patria vivirán, en efecto, eternamente en la memoria de Carabineros de Chile y de sus hombres.

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