LA POLICÍA DE SANTIAGO Y LA ASISTENCIA PÚBLICA

PATRICIO E. JELDRES RODRIGUEZ
General de Carabineros.

El pasado 7 de agosto, el actual Hospital de Urgencia y de Asistencia Pública, conocido como la “Posta Central”, cumplió un siglo de vida.

La creación de la Asistencia Pública, en 1911, gracias al visionario médico Doctor Alejandro de Río Soto-Aguilar, representa un notable avance en la atención de urgencia de enfermos graves, pues se trata del primer servicio de emergencia permanente del país.

Primitivamente, se estableció en la calle San Francisco Nº 85. Desde 1967, está ubicada en su actual emplazamiento de calle Portugal con Diagonal Oriente.

Antiguo y actual locales de la Posta Central

A raíz de tan significativa conmemoración, estimamos interesante recordar la relación que existió entre la Policía de Santiago y la atención de heridos y accidentados.

En efecto, antes de 1911, para la atención de heridos y accidentados en la vía pública, asistencia de personas sin recurso a domicilio y traslado de lesionados o enfermos a los hospitales, no existía en la capital otro recurso de urgencia que el muy limitado servicio que podía prestar la policía, el que sin corresponder a la función policial, fue establecido durante la administración del Prefecto Joaquín Pinto Concha, quien ejerció dicho cargo desde 1899 a 1906. En efecto, como en cada Comisaría existía una modesta y rudimentaria policlínica, el practicante de la Unidad atendía a los heridos, cuando podían ir por sus propios medios al cuartel correspondiente. Naturalmente que esta atención, si no se trataba solo de lesiones leves, se reducía a tratamientos de urgencia, enviando en seguida al afectado al hospital más próximo. Cuando se trataba de lesiones graves y el herido o accidentado no podía moverse del sitio en que recibió las lesiones o sufrió el accidente, se pedía a la Comisaría correspondiente la ambulancia asignada a esa Unidad.

Las ambulancias de la Policía, eran carromatos pintados negros con vidrios pavonados, con llantas de fierro, tirados por caballos, las cuales habían sido distribuidas estratégicamente en diferentes comisarías de la cuidad.

Naturalmente que la salida del vehículo no era siempre inmediata, pues había que ubicar al cochero para entregarle los datos pertinentes, sacar los caballos de las pesebreras, hacerles un rápido aseo, uncirlos al carro y partir al trote flojo y cansino de los pobres animales, que generalmente eran aquellos animales viejos e inútiles para el servicio policial montado.

Algunas veces, la ambulancia, llegaba al lugar del suceso cuando ya el herido se había “ido en sangre” y, cuando así no ocurría, había que deambular con el paciente de hospital en hospital, si no se tenía la suerte de encontrar cama disponible en los primeros que se recorrían.

Cabe señalar, que era frecuente el caso de parturientas que salían a la calle para pedir con urgencia la ambulancia policial y a las que, por ser rechazadas en todas partes por falta de camas, había que dejar, como último recurso y contra la oposición abierta del personal de recepción, al lado adentro de la puerta de un hospital, para salvar la responsabilidad de la policía, procedimiento que también se empleaba con los heridos y enfermos graves.

A modo de ejemplo, puede señalarse que en la estadística del año 1900, de la Prefectura de Santiago, se señala que los heridos y enfermos atendidos en las diferentes Comisarías (10 en total), sumaron 5.350. De éstos 989 fueron mujeres, y 1.318 debieron ser trasladados a hospitales debido a su gravedad.

En el año 1905, el servicio de ambulancias policiales se vio incrementado con un moderno “automóvil ambulancia”.

Ambulancia de la Policía de Santiago

En enero de 1907, se nombraron once guardianes terceros como Ayudantes de los practicantes, puestos que fueron desempeñados por estudiantes de medicina, muchos de los cuales recibieron su título mientras prestaban servicios en la Policía. Estos estudiantes entregaban la primera atención a los accidentados. De ahí deriva el nombre de este servicio, ya que la primera asistencia a los heridos la realizaban en la vía pública.

El servicio de atención de heridos y enfermos que realizaba el personal policial, terminó en parte en 1911, cuando salieron las primeras ambulancias de la recién creada Asistencia Pública, que atendía solo la parte céntrica de la cuidad. La atención de los barrios apartados continuó a cargo de la policía capitalina.

Ambulancias a tracción animal frente a la antigua Asistencia Pública de Santiago
Fotografía del diario “La Tercera”

La puesta en servicio de la Asistencia Pública y sus ambulancias, produjo admiración en la ciudadanía por la prontitud con que el nuevo servicio acudía a cada llamado. Con el paso del tiempo, su accionar fue haciéndose cada día más eficiente. Asimismo, poco a poco, fue ampliando su radio de acción hasta abarcar todo el Gran Santiago, liberando a la Policía de la atención de un servicio que no le correspondía.

Pronto, las primeras ambulancias, movidas por tracción animal, fueron reemplazadas por veloces carros automóviles y el primitivo servicio de urgencia se convirtió en un establecimiento equipado con instrumental ultramoderno. En una palabra, poco a poco llegó a ser lo que ahora todos conocemos.

El público, desde el principio, acudió confiado a la asistencia en demanda de auxilio y la ampliación de sus servicios determinó tal movimiento de entrada y salida de vehículos y de personas durante las veinticuatro horas del día, que sus puertas nunca se cierran.

La atención que ha impartido e imparte la Posta Central es el reflejo más elocuente del espíritu generoso, humanitario y de bien entendido civismo que ha animado y anima a este servicio desde su creación a la fecha.

 

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